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Indice de los 32 capítulos

Sólo para HOMBRES consta de 32 capítulos. Breves, ágiles, de fácil lectura. Es un libro testimonial, desarrollado como una novela, pero a través de un relato verídico y de positiva autoayuda. Estos son los títulos de cada capítulo:

1- Medio siglo después.

2- Con la angustia reflejada en el rostro.

3- En defensa propia.

4- Señal de alarma.

5- Alerta rojo.

6- Argentina!, Argentina!.

7- Una siniestra noticia.

8- Una carrera contra reloj.

9- Siempre buscar otra opinión.

10- Sin rodeos: tengo cáncer.

11- Quirófano, estación terminal.

12- Mi próstata, un trofeo.

13- A solas con el cura y mis pecados.

14- No me faltaban alegrías.

15- ¡Jaque mate!...

16- Un gran avance: podía levantarme.

17- ¡Soy un hombre libre!.

18- Se aleja el fantasma.

19- ¡Chau, pucho!..

20- ¿Ha ocurrido un milagro?.

21- De vuelta a casa... ¡vivo!...

22- Regreso al trabajo.

23- "Se me ha dispersao la hacienda".

24- Agonía y muerte de Crítica.

25- Jugando al tenis con Menem.

26- A 33.000 pies de altura.

27- La carta ganadora.

28- Cuatro meses de abstinencia.

29- De la mano de Dios.

30- El silencio, ¿es salud?.

31- Al llegar a los 50...

32- Final con humor.

 

 

 

Prólogo


He sido invitado por el autor a prologar esta obra en mi carácter de médico y con esa óptica he llegado a sus contenidos.
Diré que primero me pareció la presentación de una historia clínica con abundantes detalles; luego comprobé que la misma excedía esa catalogación y que con el correr de los capítulos se iba diseñando un mensaje de esperanza y optimismo.

La técnica sanitarista lo colocaría como un brillante trabajo de Educación para la Salud, dirigido a la prevención de la enfermedad. Pero considero que encuadrar este ameno relato dentro de las pautas exclusivamente profesionales, sería asumir una posición de crítico tecnócrata y no la de un lector que se ha deleitado con las descripciones de cada una de las situaciones que el autor vivió y escribió.
Es justamente este aspecto sobre el que quiero hacer el análisis como médico.

Toda persona que, por las circunstancias de la vida, debe llegar a asumir el rol de paciente, lo hace en primer lugar con temores y reservas sobre lo que misteriosamente le depara el destino, con la ansiedad y la pretensión de salir sin secuelas de la escena; con el deseo de olvidar rápidamente todos los detalles traumáticos y reducirlos a simples problemas existenciales, fugaces y anecdóticos con un final feliz.

Pero cuando la dimensión de la situación es tan grande, con el dramatismo de la palabra cáncer se oscurece toda la trama del argumento. Esa tremenda realidad estremece la escena, borra toda fantasía y ya el rol a representar es tan difícil y angustiante que muchos pacientes lo asemejan a un crudo diálogo con la muerte misma del que resulta difícil retener detalles.

En este contexto, el autor ha mantenido la serenidad y se ha desbloqueado de sus temores, ha podido conservar la objetividad en sus vivencias volcándolas en un relato muy bien estructurado. La secuencia de los capítulos generan en el lector la necesidad de continuar sin pausa avanzando en la trama.

El escritor no sólo muestra cómo logró superar su crisis personal, sino que también su interés (y aquí aflora su profesión de periodista) lo llevó a bucear en los áridos caminos de diagnósticos, estudios epidemiológicos y tratamientos médicos. Así nos regala en el epílogo una serie de recomendaciones y consejos de prevención, con la sana pretensión de suplir la falta de campañas masivas para esta patología que, como otras, está olvidada en las políticas sanitarias nacionales e internaciones.

Ante lo ameno de este relato, que señala la fuerza de espíritu del autor para superar los reveses y la loable intención de transmitir un mensaje de esperanza a los potenciales pacientes, me inclino a recomendar la lectura y utilización de este libro como referente sobre la patología prostática.

Dr. Enrique David Casirola
Médico

 

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1- A manera de anticipo, se transcribe a continuación el primer capítulo de Sólo para HOMBRES:

Capítulo 1

Con la angustia dibujada en el rostro

Boris, 52 años, es un periodista acreditado en la Casa de Gobierno bonaerense, en la ciudad de La Pata, donde me desempeño como director de Prensa. Jodón, alegre, viajero infatigable, jamás se lo veía preocupado. Cuando nos cruzamos en un pasillo yo sabía que me había estado buscando desde el día anterior, pero ignoraba el motivo.- ¿Te puedo ir a ver ahora?, me preguntó. El gesto y la voz revelaban un inocultable estado de angustia desconocido en él. Se lo notaba urgido por mantener ese encuentro conmigo pero, ¿para que?. Era obvio que se trataba de algo personal, que nada tenía que ver con nuestro trabajo.

- En cinco minutos subo a la oficina. Te espero, respondí.
Llegó puntualmente. Estaba ansioso por exponer el problema que lo aquejaba: le iban a practicar una biopsia pues venía sufriendo ciertos trastornos urinarios que el médico, luego de realizar algunos estudios, interpretó que podrían ser síntomas de un cáncer de próstata. Esa presunción lo había angustiado tanto como yo lo había advertido en el fugaz encuentro del pasillo. Boris razonaba así:

- Si el ex presidente francés Francois Mitterrand y el famoso actor Telly Savalas, con todos los medios de que disponían, murieron de cáncer de próstata, ¿que queda para mi?.

Yo había retornado al trabajo luego de una operación de cáncer de próstata y Boris quería saberlo todo y buscar consejo: por qué razón me había salvado, si la biopsia era dolorosa, si el resultado era confiable, si había sufrido mucho después de la operación, si conocía la existencia de otras terapias no quirúrgicas... Aún no sabía si lo suyo era cáncer, pero ya estaba buscando respuestas que le dieran tranquilidad y esperanza.

Se las brindé en un diálogo que nos llevó casi una hora. Me quedé muy satisfecho porque observé que había desaparecido de su rostro aquel rictus angustioso. Debí haber sido muy convincente, con esa convicción que sólo da la propia experiencia.Cuando Boris se fue quedé pensando y me interrogué a mi mismo: ¿Por qué Boris va a ser el único que aproveche mi experiencia en la lucha contra el cáncer de próstata?. Esa experiencia personal, ¿no puede servir para prevenir, salvar vidas y aliviar dolores, acercándola a muchos otros?. Estoy seguro que sí. Y con esa seguridad me puse a escribir este libro.

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2- A manera de anticipo, se transcribe a continuación el segundo capítulo de Sólo para HOMBRES:


Capítulo 2

En defensa propia

La próstata, a contrapelo de su nombre femenino, es una glándula estrictamente varonil.Es propiedad privada del hombre pero, como el hombre mismo, no tendría razón de ser ni justificaría su existencia si sólo acompañara al hombre en soledad: la mujer forma parte de esta historia.

La misión de la próstata es servir a la función masculina que alimenta la relación con la mujer.

Sexo, eyaculación, espermatozoides, reproducción, son vocablos de uso corriente en el lenguaje prostático.

Es, entonces, una glándula dispensadora de placer y alentadora del amor, si aceptamos que el amor es componente inseparable del sexo y que este es la herramienta que Dios brindó al hombre y a la mujer para garantizar la reproducción.

Con semejantes méritos a cuesta, la próstata debería ser honrada públicamente y consagrada como fiel exponente de la virilidad. Se lo merece, mientras cumple cabalmente su papel. Pero no siempre ocurre así: la mitad de los hombres mayores de 50 años son traicionados por la famosa glándula. Al llegar a esa edad, millones de hombres comienzan a cargar con una próstata que, en lugar de conducirlos por el apetecible camino del placer, se transforma en una fuente de padecimientos.

Yo pertenezco a esa mitad de la población masculina del planeta traicionada por la próstata desde cuando, a los 63 años, asomaron los síntomas de una prostatitis, pero dos años después ingresé a la sombría galería menos numerosa pero más siniestra- poblada por uno de cada once hombres, generalmente mayores de 65 años, que padecen cáncer de próstata.Se estima que en nuestro país cada año mueren 3.000 hombres como consecuencia del cáncer de próstata. Durante 1995 fueron hospitalizados en Estados Unidos 187.000 hombres afectados por ese mal. 40.000 de ellos murieron. Es la segunda causa de la muerte por cáncer, luego del cáncer de pulmón. En Venezuela son diagnosticados 7 casos diarios de esa enfermedad (*).

Pese a los avances de la ciencia, las perspectivas de fin de siglo no son, por cierto, alentadoras. Se advierte un paulatino descenso en la edad de los enfermos y un consecuente aumento de los casos que, en el 2.000, podrían superar en un 30 por ciento o más los registrados a principio de la década.

Pero no se debe pensar que contraer esta enfermedad equivale a una inevitable sentencia de muerte. Yo estoy aquí para contarlo, procurando guiar a mis congéneres, a partir de mi propia experiencia, por el camino que los conduzca hacia "la otra mitad" de la población mundial masculina que transita el segundo medio siglo de vida sin padecimientos prostáticos, o disipando temores si la próstata ya los ha traicionado.

Sin negar que cada caso es distinto, me pregunto: si con la ayuda de Dios y la dedicación de los médicos he derrotado al cáncer de próstata, ¿por qué no podrán hacerlo otros que lo estén sufriendo o, mejor aún, evitar que aparezca y los amargue?.

Hombres del mundo: en defensa propia intentemos, juntos, vencer a nuestro enemigo.

(*) Estos y otros datos estadísticos figuran en Internet. Con sólo seleccionar un buscador y pedir datos de próstata los obtendrá en abundancia.

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