Prólogo
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Sólo para HOMBRES consta de 32 capítulos. Breves, ágiles, de fácil lectura. Es un libro testimonial, desarrollado como una novela, pero a través de un relato verídico y de positiva autoayuda. Estos son los títulos de cada capítulo:
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He sido invitado por el autor a prologar esta obra en mi carácter de médico y con esa óptica he llegado a sus contenidos.
Diré que primero me pareció la presentación de una historia clínica con abundantes detalles; luego comprobé que la misma excedía esa catalogación y que con el correr de los capítulos se iba diseñando un mensaje de esperanza y optimismo.
La técnica sanitarista lo colocaría como un brillante trabajo de Educación para la Salud, dirigido a la prevención de la enfermedad. Pero considero que encuadrar este ameno relato dentro de las pautas exclusivamente profesionales, sería asumir una posición de crítico tecnócrata y no la de un lector que se ha deleitado con las descripciones de cada una de las situaciones que el autor vivió y escribió.
Es justamente este aspecto sobre el que quiero hacer el análisis como médico.
Toda persona que, por las circunstancias de la vida, debe llegar a asumir el rol de paciente, lo hace en primer lugar con temores y reservas sobre lo que misteriosamente le depara el destino, con la ansiedad y la pretensión de salir sin secuelas de la escena; con el deseo de olvidar rápidamente todos los detalles traumáticos y reducirlos a simples problemas existenciales, fugaces y anecdóticos con un final feliz.
Pero cuando la dimensión de la situación es tan grande, con el dramatismo de la palabra cáncer se oscurece toda la trama del argumento. Esa tremenda realidad estremece la escena, borra toda fantasía y ya el rol a representar es tan difícil y angustiante que muchos pacientes lo asemejan a un crudo diálogo con la muerte misma del que resulta difícil retener detalles.
En este contexto, el autor ha mantenido la serenidad y se ha desbloqueado de sus temores, ha podido conservar la objetividad en sus vivencias volcándolas en un relato muy bien estructurado. La secuencia de los capítulos generan en el lector la necesidad de continuar sin pausa avanzando en la trama.
El escritor no sólo muestra cómo logró superar su crisis personal, sino que también su interés (y aquí aflora su profesión de periodista) lo llevó a bucear en los áridos caminos de diagnósticos, estudios epidemiológicos y tratamientos médicos. Así nos regala en el epílogo una serie de recomendaciones y consejos de prevención, con la sana pretensión de suplir la falta de campañas masivas para esta patología que, como otras, está olvidada en las políticas sanitarias nacionales e internaciones.
Ante lo ameno de este relato, que señala la fuerza de espíritu del autor para superar los reveses y la loable intención de transmitir un mensaje de esperanza a los potenciales pacientes, me inclino a recomendar la lectura y utilización de este libro como referente sobre la patología prostática.
Dr. Enrique David Casirola
Médico
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